jueves, 19 de abril de 2018

El bombardeo de Siria no ha sido un acto de justicia.



La historia se repite en Siria. Y, en Oriente Medio, es una cadena de repeticiones tramposas cubiertas con el hipócrita envoltorio de la justicia y el humanitarismo. La política internacional tiene muy poco ver que la moral. Sea cual sea la escuela o doctrina que se invoque: realista o idealista, intervencionista o aislacionista. Son los intereses los que determinan las decisiones.

Resulta muy difícil de tragar, para quienes llevamos informando décadas sobre los conflictos internacionales, que el reciente bombardeo contra supuestas instalaciones sirias relacionadas con su arsenal químico se presente como una acción reparadora o justiciera de un crimen contra la humanidad. Los escrúpulos selectivos no se sostienen.

PRESTIGIO DE LAS ARMAS, DESPRESTIGIO DE LA CONFIANZA

No se puede pretender que se ha actuado en Siria por un móvil de humanidad, como afirmó Theresa May en el Parlamento el pasado lunes, mientras se ha hecho la vista gorda (por no decir ciega) ante la monstruosidad que se lleva cometiendo desde hace años en Yemen.

No se puede pretender que se castiga al “animal” Assad, mientras el presidente-hotelero apenas ha consentido albergar en EEUU a 44 desplazados sirios en los últimos seis meses o poco más de 3.000 durante todo el año pasado, cinco veces menos que en el último año de Obama (1).

No se puede pretender que hay un sentimiento de compasión por esas víctimas, cuando el adalid del American first hace gala de desprecio por la suerte de ese o de otros países torturados, en una actitud pasivo-agresiva, como alguien ha definido con agudeza (2).

No se puede pretender estar del lado de los perseguidos cuando el justiciero de gatillo fácil protege, justifica, sostiene y ensalza a quienes cometen atropellos groseros continuados contra los derechos humanos en Egipto, Filipinas, Arabia Saudí o Palestina

No se puede pretender que se ha respetado la legalidad internacional, cuando se acudió a las armas antes de que se hubiera acreditado que, efectivamente, hubo un ataque con armas químicas en Duma y que el responsable fue el régimen sirio, por muy fundadas que estuvieran nuestras sospechas.

No se puede pretender que la precipitación en la respuesta militar respondió al convencimiento de que Rusia vetaría la legitimación del ataque cuando eso es lo que Estados Unidos (y en menor medida Francia y Gran Bretaña) suelen hacer cuando a la mesa del Consejo de Seguridad llegan denuncias sobre violaciones groseras del derecho internacional por parte de regímenes protegidos por Occidente (2).

No se puede pretender que los bombardeos sirven para algo más que exhibir una archiconocida superioridad bélica occidental, completamente inútil, por lo demás, para evitar la carnicería en la que lleva décadas sumida la región de Oriente Medio, pero sí para engrosar los arsenales de tiranos y las cuentas corrientes u ocultas de los fabricantes de armamento.

No se puede pretender que se puedan repartir certificados de buena y mala conducta en función de la docilidad o la resistencia que dictadores de uno u otro signo o naturaleza (presidente o reyes) demuestran ante la estrategia occidental en la región.

No se puede pretender que unas víctimas civiles merecen más reparación que otras según el tipo de armas con que son masacradas, ya sean químicas, biológicas, convencionales o de alta precisión, o según quién provoca la matanza.

No se puede pretender, con invocaciones grandilocuentes (Macron o May) o vulgares (Trump), que se imparte justicia cuando sólo se castigan los abusos o crímenes de los dictadores que no nos obedecen o que buscan protección, tutela o escondite en otras grandes potencias tan hipócritas como las nuestras, aunque menos sujetas el escrutinio público interno, como es el caso de Siria con Irán o Rusia.

No se puede pretender que una operación militar aislada, propagandista, de dudosa legalidad (o claramente ilegal) pueda sustituir a una estrategia fallida, en Siria y en el conjunto de la región más atribulada del planeta, como ha intentado hace el presidente Macron, fiel seguidor de sus antecesores en el Eliseo cuando, conscientemente o por inercia institucional, evidencia el reflejo colonial en algunas de sus decisiones internacionales.

No se puede pretender que el bombardeo de un país se acepte como una operación de prestigio o como un ejercicio moral cuando es un puro acto de fuerza, y en este caso, sin propósito a medio o largo plazo, desconectado de una estrategia sólida y verificable, tras cinco años de martirio espeluznante, que relata detalladamente el especialista Andrew Tabler (3)

LA MENTIRA COMO SISTEMA

En fin, no se puede pretender, después de Argelia, de Vietnam, de las dictaduras militares iberoamericanas, de Afganistán, de la guerra sucia en Centroamérica, de la antigua Yugoslavia, de Irak, de Palestina, de Yemen, y de todas las “guerras de baja intensidad” pero de alto sufrimiento humano que se nos dice por lo general la verdad, cuando se ha comprobado con lacerante asiduidad que se nos miente por sistema.

Hace unos días, Stephen Walt, profesor de Relaciones Internacionales de un instituto de Harvard, por quien este humilde comentarista siente confesada admiración, afirmaba en su último artículo para una publicación especializada que “ya no se podía confiar en América” (4).

Esta sentencia, como se pueden imaginar, estaba relacionada con escaso apego a la verdad del principal inquilino de la Casa Blanca, a quien, en sus primeros diez meses de mandato, se le detectaron seis falsedades por cada una imputada a Obama a lo largo de sus ocho años de presidencia.

En realidad, la mentira ya formaba parte del decorado del despacho oval y de otros despachos del mundo antes de que el recordman mundial del embuste se instalara en él.

Pero el riesgo consiste en que nos resignemos -esto es opinión de quien escribe, no del profesor de Harvard-; no tanto a que se mienta desde el poder, sino a que sólo se mienta. Ya sea para demostrar (Macron o May) que, a golpe de gatillo, conservamos intacta nuestra reputación de poderosos, como afirma mi compañero Rafael Díaz Arias (5), o para presumir de una exhibición de fuerza con lenguaje de adolescente adicto a los videojuegos de guerra (no hace falta indicar a quién me refiero).

NOTAS

(1) “Trump and the rest of the world offer a little hope for Syrian refugees”. ISHAAN THAROOR. THE WASHINGTON POST, 18 de abril.
(2) “More Mayhem in the Middle East”. BRIAN KATULIS y DANIEL BENAIM. FOREIGN POLICY, 16 de abril.
(3) “Despite the Trump’s bluster, it’s unclear what the Syria strikes accomplished”. THE GUARDIAN, 15 de abril. 
(4) “How Syria came to this”. ANDREW TABLER. THE ATLANTIC, 15 de abril.
(5) “America can’t be trusted anymore”. STEPHEN M. WALT. FOREIGN POLICY, 10 de abril. 

lunes, 16 de abril de 2018

Espiritualidad y religiones.


Iosu Perales

De vez en cuando algún obispo hace públicas reflexiones muy críticas rayanas en la intolerancia acerca de prácticas como el yoga, el reiki y otras meditaciones orientales. Dicen de ellas que no son compatibles con la fe cristiana, lo cual suscita perplejidad en buena parte de la ciudadanía. 

Para muchas personas espiritualidad y religión son lo mismo. Más todavía, hay quienes creen que sólo puede ser espiritual quien forma parte de una Iglesia. Es una idea equivocada. Mucho antes que el cristianismo –por poner un ejemplo tan cercano a nosotros– ya había hombres y mujeres que practicaban el cultivo del espíritu, que meditaban, que ayunaban, que vivían una intensa vida interior. Ahora bien, es también verdad que hay muchas personas con una religiosidad practicante y una gran espiritualidad. La realidad de esta relación es por consiguiente muy diversa y desde luego que todas las formas deben ser respetadas.

Creo que hay que diferenciar también entre quienes se sienten partícipes de una religión y no son miembros de una Iglesia y quienes lo son y observan sus normas. Lo religioso excede lo institucional, y puede encontrar en este último un ambiente favorable u hostil, como lo hizo notar hace muchos años el teólogo brasileño Leonardo Boff en su libro Iglesia: carisma y poder.


Un amiga, teóloga, me tiene dicho que precisamente por ser seguidora del Evangelio no es parte de ninguna Iglesia. “Los dogmas ya no me dicen nada. Las tradiciones del cristianismo, tal como las aprendí, me son cada vez más ajenas”. Mi amiga busca una espiritualidad que alimente de verdad el sentido de su vida. Por eso toma distancia, revisa y critica la religión aprendida. Como en su caso, pienso que mucha gente percibe que el sistema religioso que nos han enseñado habla de un concepto anticuado del mundo. Es necesario caminar con otros zapatos.


Mi amiga, como millones de personas en el mundo, practica el yoga. Encuentra en ello una calma mental y un equilibrio emocional que le ayudan a ser mejor persona. En la relajación encuentra una buena vía para viajar a su interior, conocerse y reconciliarse consigo misma. De alguna manera hace meditación, aunque es verdad que hay otras prácticas de raíz oriental más especializadas. En realidad no hay meditación mala. Precisamente, en las sociedades ruidosas del presente, qué falta hacen el silencio, la meditación, la prudencia y el diálogo crítico, que son virtudes esenciales en estos tiempos en los que la felicidad, tejida de solidaridad, sentido de justicia y buen trato, es un bien escaso.


Mi amiga cita a Einstein cuando dice: “A mí me basta con el misterio de la eternidad de la Vida, con el presentimiento y la conciencia de la construcción prodigiosa de lo existente”. Y añade: “La religión, el sistema religioso en el que me educaron me llenó de respuestas fijas, preestablecidas, muchas de ellas amenazantes, angustiantes, generadoras de miedo, de culpa y de infelicidad”. Lo que quiere decir es que es tiempo de humanizarnos superando los ritos rígidos y rutinarios. Su referente es Jesús de Nazaret en quien ve a un hombre espiritual y un maestro ético que no es responsable de los dogmas construidos desde el poder y justificados con monoteísmos rígidos y agresivos.


La meditación no es contraria en todo caso a la práctica de una religión. A través de ella se fortalece una cualidad humana que consiste en preguntarse sobre el sentido de la vida y en buscar respuestas. Se puede estar en los dos lugares al mismo tiempo. La posición escogida por mi amiga es un ejemplo de lo que está ocurriendo con mucha gente que deja de sentirse vinculada a la Iglesia católica y a las religiones organizadas en poderosas estructuras en general. Ahora bien, otros muchos millones de personas también practican yoga y meditación sin ser seguidoras de los evangelios. O bien son agnósticas o directamente ateas.


Como he afirmado toda meditación es buena. Hay autores que datan su presencia en hace cinco mil años. Budismo, hinduismo, paganismo, islamismo, judaísmo, cristianismo… han ido configurando formas de meditación que no deben ser jerarquizadas. Cada quien busca y procura encontrar aquella que encaja mejor en su personalidad, en sus creencias. No sería bueno que del mismo modo que las religiones discuten sobre cuál es la verdadera y se ufanan de que sus divinidades son más poderosas, las meditaciones discutieran sobre cuál es superior a las demás.


La espiritualidad no se cobija bajo un paraguas que representa una fe segura, lo que es muy legítimo, sino que se hace preguntas, es permanente búsqueda, es cuestionadora, es crítica, un camino propio. Es como un viaje al interior de la persona que medita a su modo e interpela a la conciencia para actuar de una determinada manera. Pero como digo creo que es perfectamente compatible con ser miembro de una Iglesia. Es desde la libertad que cada cual debe elegir, no debe haber imperativos externos que marquen las fronteras de lo prohibido y de lo permitido.


Por todo esto, no alcanzo a entender las descalificaciones de quienes erigiéndose en jueces consideran que entre el yoga y cualquier modalidad de meditación, bien sea laica u oriental, hay un muro infranqueable con la fe cristiana. Sinceramente creo que además de ser una afirmación errática, de autoaislamiento, es sectaria. Me suena a que quienes lo afirman están molestos por una cierta pérdida de control, una frustración derivada de ver que mucha gente medita de una u otra manera fuera de su ámbito. Al contrario, la empatía entre los seres humanos debería llevarnos, primero al respeto, segundo a la humildad de no creer que nuestra propuesta es la única válida. Lamentablemente, el integrismo sigue arraigado en algunos sectores católicos. Son incapaces de estar a la altura de los tiempos y ven lo nuevo como una amenaza.


Antes de llegar a un posicionamiento de choque y anulación del otro, los afirmantes deberían preguntarse porque las iglesias se vacían. Tal vez la idea de Dios más generalizada en las jerarquías no se asocia a la fiesta, a la alegría, al placer, a la belleza, y por ahí hay una respuesta. Tal vez durante siglos ha predominado la difusión de un Dios-control, de premios y castigos, y por ahí hay otra respuesta. En particular las jerarquías de la Iglesia Católica han perdido el paso de los nuevos tiempos y su discurso no convence, no es atractivo.


El clero se está haciendo mayor y su prestigio cultural y hasta religioso va en descenso. Es un fenómeno que abarca asimismo a protestantes y judíos. Este paulatino abandono de creencias antes indiscutidas afecta también a las ideologías. Con todo, hoy vivimos en sociedades dinámicas donde los postulados han ido cambiando: hoy por ejemplo los Derechos Humanos son el cemento en torno a los que se construye un nuevo consenso. Las iglesias deberían comprometerse de verdad, con hechos, con esta narrativa. En este contexto se extiende una espiritualidad laica que no tiene una única forma de vida, sino que se expresa de manera diversa y acoge experiencias de meditación que al parecer resultan exitosas. Abrir un frente contra el yoga o el reiki, no es sino dar un paso más en la dirección equivocada.


Termino. Un dicho ruso dice “la teoría es gris y verde el árbol de la vida”. Respetemos la pluralidad de opciones que buscan acercarse al menos a la felicidad. La vida se nos presenta como un abanico de posibilidades. No hay una única alternativa, una única creencia. Lo que hay son oportunidades a las que podemos optar libremente siempre desde el principio de que no hay meditación negativa y de que todas sus formas pueden ser compatibles. Lo que cuenta es la experiencia personal en la búsqueda del sentido de la vida.

viernes, 13 de abril de 2018

La Iglesia latinoamericana pide la convocatoria de un Sínodo universal sobre la mujer.


Jesús Bastante

Las mujeres "han de ser reconocidas y valorizadas como corresponsables de la comunión y misión de la Iglesia"

"Esta Pontificia Comisión para América Latina no pretende proyectar sus propios planteamientos y necesidades a la Iglesia universal, pero se plantea seriamente la cuestión de un Sínodo de la Iglesia universal sobre el tema de la Mujer en la vida y la misión de la Iglesia". La Iglesia latinoamericana ha dado el primer paso para el necesario reconocimiento de la mujer en la institución. A todos los niveles. Un camino apoyado por Francisco y que no tiene marcha atrás.

Esta es una de las principales conclusiones de un encuentro celebrado por la CAL, bajo el lema "La mujer, pilar en la edificación de la Iglesia y de la sociedad en América Latina". Entre otras, los responsables admiten que "siguen existiendo clérigos machistas, mandones, que pretenden usar a las mujeres como servidumbre dentro de su parroquia, apenas como clientela sumisa de los cultos y mano de obra bruta para lo que se necesite", y son rotundos en la respuesta: "Todo esto tiene que ir acabando".

Y es que las mujeres "han de ser reconocidas y valorizadas como corresponsables de la comunión y misión de la Iglesia, presentes en todas las instancias pastorales de reflexión y decisión pastorales". Al tiempo, recuerdan que "es posible y urgente multiplicar e ampliar los puestos y las oportunidades de colaboración de mujeres en las estructuras pastorales de las comunidades parroquiales, diocesanas, a niveles de las Conferencias episcopales y en la Curia Romana".


En el documento final, difundido este miércoles, afirma que "el cambio de época en el que estamos inmersos y que requiere de parte de la Iglesia una nueva propuesta de dinamismo misionero, exige un cambio de mentalidad y un proceso de transformación análogo al que el Papa Francisco logró concretar con las asambleas del Sínodo sobre la Familia -que llevaron a la exhortación apostólica Amoris Laetitia- y que ahora se propone con la próxima asamblea sobre los jóvenes".

Ese trabajo por la sinodalidad, también debe, según la CAL "estar libre de prejuicios, estereotipos y discriminaciones sufridas por la mujer". Al tiempo, pide a las comunidades cristianas "realizar una seria revisión" para "pedir perdón por todas las situaciones en las cuales han sido y todavía son cómplices de atentados contra su dignidad".

El documento agrega que las iglesias locales han de tener "la libertad y el coraje evangélico para denunciar todas las formas de discriminación y opresión, de violencia y explotación sufridas por las mujeres en distintas situaciones y para introducir el tema de su dignidad, participación y contribución en la lucha por la justicia y la fraternidad, dimensión esencial de la evangelización".

Por ello, "se invita a todas las instituciones católicas de enseñanza superior, en particular a las facultades de teología y filosofía, a continuar profundizando una teología de la mujer, a la luz de la tradición y del magisterio de la Iglesia, de renovadas reflexiones teológicas sobre la Trinidad y la Iglesia, del desarrollo de las ciencias, en especial de la antropología, como también de las actuales realidades culturales de los movimientos y aspiraciones de las mujeres", declara la CAL.

"Que se promueva en todas las iglesias locales y a través de las conferencias episcopales un diálogo franco y abierto entre pastores y mujerescomprometidas en diversos niveles de responsabilidad (dirigentes políticas, empresarias, líderes de movimientos populares y comunidades indígenas)", concluye el documento, que puede leer íntegro aquí.

jueves, 12 de abril de 2018

"Radiografía del Agua" alerta sobreexplotación del recurso hídrico.

Fuente: Chile Sustentable

El informe “Radiografía del Agua: Brecha y Riesgo Hídrico en Chile” advierte sobre la escasez del recurso hídrico al norte en el país chileno. Esto debido a la sobreexplotación del agua y al cambio climático.

La publicación, dada a conocer en el marco de la 5.ª versión de Water Week Latinoamérica 2018, es una radiografía de la situación del recurso hídrico a partir de la información extraída de diversas fuentes oficiales y otorgada por instituciones, tanto del Estado como privadas, universidades nacionales e internacionales, centros de investigación y estudios.

De acuerdo al informe realizado por el Instituto de Recursos Mundiales (WRI, 2015), Chile está ubicado dentro de los 30 países con mayor riesgo hídrico en el mundo al año 2025.

En la actualidad la brecha del agua, que comprende recursos disponibles en ríos, aguas subterráneas y la almacenada en el suelo o la vegetación, llegará a un punto crítico.
La problématica del agua.

Chile tiene una marcada desigualdad hídrica. Mientras que la zona sur de su territorio dispone de una mayor oferta del recurso hídrico, en la zona norte del país se presenta una menor oferta de aguas para el abastecimiento de las principales actividades que allí se desarrollan. 

La metodología de investigación se aplicó a 25 cuencas de las 101 existes en Chile, las cuales contaban con datos suficientes y comparables. La información obtenida se clasificó en cuatro categorías de BH: bajo, moderado, medio y alto.

El informe reveló que de las 25 cuencas analizadas, 9 presentan una brecha hídrica alta. Es decir, una fuerte presión sobre el recurso hídrico, consumiendo 40 por ciento o más del agua disponible y cuya baja disponibilidad resulta contraproducente para la sostenibilidad y el desarrollo económico.

Además, el informe señala que Chile ha venido transitando por una sequía meteorológica, la cual se ha acentuado en los últimos años por la disminución de precipitaciones y el aumento en la sequedad del aire por incremento en la temperatura.

El informe alerta que de seguir la falta de precipitaciones y el aumento de la temperatura resultaría imposible la sostenibilidad de la producción en los sectores agrícolas y energéticos.

Al respecto, las zonas de producción localizadas en torno a los causes de los ríos Los Choros, la Ligua, Limarí, Petorca y San José, al norte de Chile, serían los más afectados.






Ulrike Broschek: “La Radiografía del agua aborda brecha -relación oferta y demanda- y riesgo hídrico, que analiza la posibilidad de ocurrencia de un daño. Éste se mide en déficit, exceso y calidad de agua”. #WaterWeek2018


Cabe mencionar que el informe es la primera publicación de Escenarios Hídricos 2030, organismo en la que participan más de 40 instituciones y gremios chilenos y tiene como finalidad identificar los territorios con potencial falta de recurso hídrico y posibilidad de sufrir daño social, ambiental y/o económico.

Puedes ver el Resumen estratégico Radiografía del Agua - Fundación Chile, clic aquí.

Fuente: Servindi.org

miércoles, 11 de abril de 2018

Maestro, ¿dónde vives?


M. Carmen de la Fuente

“Maestro, ¿dónde vives?” (Jn 1, 38) es una pregunta que resuena fuerte en el interior de las mujeres y hombres que deseamos encontrarnos con Jesús, para conocerle más, amarlo más y seguirle más. Una pregunta que nos compromete, porque conocemos la respuesta, “venid a verlo” (Jn 1, 39) y porque sabemos que, si su mirada se cruza con la nuestra, su fuerza nos moverá a ir, a ver y a pasar el resto del día con él.

“Maestro ¿dónde vives?” nos ha llevado a Melilla-Nador, un lugar que, si alguna cosa es, es frontera, porque allí la frontera lo empapa todo. Una frontera que separa dos mundos que nos esforzamos en mantener alejados. Una frontera que hiere y mata a hombres y mujeres cada vez más jóvenes. Una frontera que no queremos mirar pero que es tan nuestra como de quien la construye y la protege. Una frontera a la que vivimos de espaldas porque duele, porque sabemos que está construida sobre nuestro miedo, nuestra indiferencia y nuestro egoísmo. Una frontera que se reproduce en nuestras calles, en nuestros barrios, en nuestro imaginario… para separar a los de aquí de los de allá, lo legal de lo ilegal, los documentados de los indocumentados, los que estamos de los que llegan…

Hasta ese lugar frontera llegamos un grupo de 35 personas para celebrar la Pascua en comunidad y acogidas por las comunidades que allí viven. Cada una desde nuestra historia, nuestra motivación personal y nuestro deseo: algunas movidas por la búsqueda y la necesidad de confirmar que sí, que Dios se hace presente también en la frontera; otras confiadas en vivir el encuentro porque saben que si Dios está en algún sitio, es en las fronteras y que es allí donde su rostro aparece con más claridad.

“Maestro ¿dónde vives?” es el interrogante que nos ha acompañado cada día durante esta Semana Santa y para el que hemos ido encontrando algunas respuestas, que no son definitivas y que no agotan la pregunta, pero que nos pueden ayudar a seguir nuestro camino.

El Maestro vive con y en las personas que sirven. Hombres y mujeres que además de servir para algo, viven sirviendo a alguien. Personas que curan las heridas del camino (las internas y las externas), que acompañan el sufrimiento, que simplemente están.
Son aquellas que suben al bosque para encontrarse con quien se esconde esperando la oportunidad de llegar al otro lado.
Son las que viven en lo alto del monte, entre la cárcel y el vertedero, acompañando a todo un barrio, llamando a cada vecino/a por su nombre.
Son aquellas que están rodeadas de menores extranjeros que viven en la calle, consiguiendo que por momentos dejen de ser “no acompañados” y recordándonos que también ellos son dignos de nuestra mirada.
Son aquellas que se ponen al servicio de quien ha conseguido cruzar la frontera –a pie de piedra, a pie de CETI- , ofreciendo herramientas para continuar su viaje.

Son mujeres y hombres de humanidad desplegada, que se arrodillan para lavar los pies de otros/as. Son presencia y puerta abierta. En ellas vive el Maestro mostrándonos como el amor puede –si queremos- convertirse en servicio.

El Maestro vive con y en las personas que sufren. Aquellas que vienen desde lejos recorriendo rutas imposibles que duran años. Personas que en el camino son convertidas en mercancía, extorsionadas, encerradas, maltratadas… pero que a pesar de tanto sufrimiento tienen una fuerza sobrehumana, alimentada por la fe en un Dios que sienten que los acompaña y los sostiene siempre y para siempre.
Son aquellas que sufren en un bosque en condiciones infrahumanas.
Son las porteadoras que cargan con bultos que valen más que su vida y que luchan cada día por pasar la frontera.
Son las que intentan saltar la valla una y otra vez, aunque en cada intento sean golpeadas de un lado y de otro, devueltas por la puerta de atrás y situadas de nuevo en el punto de partida.
Son los menores que viven en la calle esperando un hueco en los bajos de un camión o arriesgándose para “colarse” en un barco.

Son personas a las que tratamos de despojar de su humanidad, a las que recortamos su dignidad, a las que convertimos en cifras. Con ellas vive el Maestro (que también fue humillado ante la mirada de muchos) porque son sus elegidas, mostrándonos que la lógica de Dios es radicalmente opuesta a la lógica que mueve nuestro mundo.

El Maestro vive con y en las personas que esperan. Aquellas que mantienen la esperanza, a pesar de vallas y fronteras, porque saben que la muerte no tiene la última palabra. Son personas que esperan sin quedarse quietas, que viven en el camino con los sentidos afinados (mirando, escuchando, tocando, oliendo y gustando la Vida).
Son las que esperan que dejemos de dar rodeos, miremos al margen del camino -a la frontera- y que la compasión nos lleve a hacernos cargo, cargar y encargarnos de la realidad. Mientras tanto siguen gastando su vida curando las heridas de los que yacen “apaleados y medio muertos”.
Son aquellas que esperan que los estados dejen de protegerse con alambradas y concertinas, de las personas que huyen de la miseria que sostiene nuestro bienestar. Mientras tanto denuncian las situaciones de injusticia y vulneración de derechos humanos de las que son testigo.
Son las que sencillamente explican “esto tiene que ser de otra manera” y cuentan a quien se acerca a ellas el sufrimiento que han visto con sus propios ojos. Con su relato lleno de rostros desean contagiarnos de la humanidad que vamos perdiendo, mientras esperan que la frontera deje de ser un lugar donde perder la vida.

Son personas que mantienen su compromiso con la Justicia y desde él nos interpelan continuamente. Con ellas vive el Maestro y en ellas sigue resucitando, manteniendo viva la esperanza (contra todo pronóstico).

“Maestro ¿dónde vives?”. Con las personas que sirven, con las personas que sufren, con las personas que esperan. Estos son los ecos de unos días en la Frontera Sur. Que este tiempo de Pascua que ahora comenzamos sea oportunidad para seguir encontrando al Maestro en nuestras fronteras, cada uno/a en las suyas: visibles e invisibles, internas y externas. Puede ayudarnos hacer el camino con los ojos bien abiertos y, quizá, dejar de mirar cerca y hacia arriba para mirar lejos y hacia abajo.